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El hombre andino creó una de las culturas básicas y autónomas
de la humanidad, tan importante como lo llegaron a ser las culturas de Grecia,
Egipto, Mesopotámica, India, China y o la de los Mayas. Hace 8.000 años
cultivó el frejol (judías) y la calabaza.
Después la quínua, la papa (patatas)
y mucho más recientemente el algodón y el maíz.
Domesticó mamíferos (camélidos) como la llama,
alpaca y la vicuña. También
extrajo del Pacífico pescado y mariscos.
Hacia el 2.000 AC organizaron el trabajo, construyeron canales y comenzaron
a hacerse sedentarios. Acabaron estratificándose y comenzaron a surgir
otras nuevas culturas, de carácter guerrero y conquistador, que se extendieron
por todo el territorio andino.
LA CULTURA CHAVIN (1200 – 300 AC)
Julio C. Tello descubrió que ésta es la cultura matriz de todo el mundo andino. Una cultura dominante, que desde una economía de supervivencia basada en la caza, se hizo guerrera y se expandió como movimiento religioso-mágico. Muchas veces se valió del terror para incrementar su poder, representándolo en felinos, serpientes y cóndores entre otros, a los que ofrecía incluso sacrificios humanos. El Rayo fue la divinidad superior.
Construyó grandes templos. El mas importante es el denominado Castillo, en la cordillera blanca (a 6.000 m. de altitud), de unos 40.000 m2 con corredores galerías y cámaras interiores guarnecidos por muros exteriores con monstruosas cabezas de piedra severas y grotescas, denominadas “cabezas clavas”, que parecen símbolos de “cabezas trofeo” o espíritus que protegían el templo. En el cruce de dos galerías se haya el famoso Lanzón de piedra tallada con la imagen de un felino humanizado con enormes colmillos, donde las uñas son garras y los cabellos serpientes. También se halló el Obelisco Tello, monolito de culto de dos metros tallado en sus cuatro caras con la figura de un caimán y la Estela Raimondi que representa al dios felino visto de frente.
Su cerámica son huacos (objetos hallados en los sepulcros) con el color de fondo en gris, negro, o marrón que presentan decoraciones hechas por incisión en bajorrelieve en forma de botellas abombadas. El acabado es muy suave, pulido y brillante, con un matiz plomizo, monocromo y pétreo conseguido a base de grafito. Sus motivos son los del obelisco: volutas, colmillos, ojos semientornados y cabezas de cóndor.LA CULTURA PARACAS (1000 AC)
Mientras Chavín dominaba en el norte, en la costa del pacífico sur peruano, en la árida península de Paracas, florecía otra tradición cultural descubierta por Tello en 1925 a través del hallazgo de una necrópolis con fardos funerarios.
El 40 % de las momias tienen el cerebro trepanado (perforado con un gran hueco). Era común la trepanación en vida con el fin de que saliesen por él orificio así creado los malos espíritus. Las fracturas de cráneo eran muy frecuentes entre quienes hacían la guerra a hondazos, con mazas y macanas. Para curar dichas heridas los Paracas aplicaron la técnica de la trepanación craneana, que consistía en operar a los guerreros retirando los huesos rotos y colocarles una placa de metal (oro, plata o cobre dependiendo de la clase social). Usaban como antiséptico emplastes de hiervas y como anestesia brebajes.
En los ricos ajuares funerarios de esta cultura se aprecia cerámica abierta con sencillos dibujos en negativo sobre un fondo de color naranja o marrón, pintados en frío con motivos zoomorfos, por lo general felinos de vivos colores. También hay mates burilados de exquisito diseño, joyería de oro, cobre, plata y hueso. El arte textil fue su principal producción artística. Los mantos de paracas son grandes lienzos cuidadosamente bordados con figuras míticas y otros motivos geométricos de personajes, plantas y animales cargados de simbolismo y con un gusto extraordinario. Lograron gran perfección en los tintes, que conservan sus colores hasta el día de hoy.