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UN GRAN IMPERIO
La Historia de los Incas (1400 – 1532), comienza propiamente con Pachacútec en el Siglo XV, y luego de él vendrán Tupac Yupanqui y Huayna Capac. Todos estos, en menos de cien años, formaron el Gran Imperio Inca, mezclando y asimilando culturas ancestrales de otros pueblos a los que iban dominando con gran habilidad guerrera. Así que, antes del Inca ya estaba el pueblo. Y después del Inca, el pueblo permanece. Y el pueblo es el quechua.
La tradición dice que Cusco (ombligo del mundo), fue acosado por los feroces guerreros chankas, pero los dioses del cielo enviaron a los Puru aucas (guerreros divinos de piedra), demostrando que los quechuas eran un pueblo elegido por la divinidad para difundir la cultura, la unidad y la paz a todo el “mundo”.
Veneraron a Inti, el sol, cuyo hijo era el Inca, máxima autoridad y sumo sacerdote. El pueblo común, sin embargo, rendía culto a las huacas (divinidades locales) y a la Pachamama, la Madre Tierra, de quien provenían los frutos de la vida. Su moral era muy simple y eficaz: Ama sua (no seas ladrón), Ama quella (no seas perezoso), Ama llulla (no seas mentiroso). Para los violadores de estas normas había grandes penas. Esa moral perdura hasta nuestros días en el corazón del quechua y sobre esos principios se basaron los primeros evangelizadores para cristianizar al Perú.
Con el Inca Pachacútec, el reino se convirtió en Imperio tras llegar a los grandes extremos norte y sur. Sometían a los pueblos bien por medios pacíficos (incorporando sus dioses al panteón andino e incorporando sus gobernantes a la nobleza inca) o bien por la destrucción implacable. Pachacútec impuso un orden férreo y un verdadero desarrollo. El reinado recibió el nombre del “Imperio de las cuatro regiones”.
La sociedad estaba compuesta de la siguiente manera: en el primer puesto estaba el descendiente del Sol (Inti) o sea el Inca con la Koya (esposa principal), y luego la nobleza; más abajo los jefes militares (Camayus) y los maestros (Amautas). Todos estos formaban parte de una casta superior. En la base se encontraba el poblador común (Hatun Runa), dedicado mayormente a labores agrícolas en un terreno (tupo) que le asignaba el Imperio. Pero este hombre común era también un gran constructor, alfarero, artesano, metalúrgico e hilandera (tarea reservada a las mujeres).
UN SOLO DIOS PARA UN GRAN PUEBLO
Pachacútec impuso el culto a una sola divinidad inmaterial que está por encima de todo el panteón Inca: el Apu Kontiki Wiracocha, el dios inmaterial, todopoderoso y creador. Pachacútec también refuerza el sentido mesiánico del pueblo quechua y lleva el desarrollo de la construcción (el uso portentoso de la piedra) y la arquitectura a su máximo esplendor.
ALGUNOS USO Y COSTUMBRES
El uso de la coca, que se masticaba desde los tiempos más remotos, se convirtió en un monopolio del estado, que determinó la mita u obligación de cultivarla. El tejido que era símbolo de clase y de jerarquía social era materia especial de tributación. Se usó también como objeto de culto quemándolo en sacrificios. El mullu o conchas de spondylus, unas veces enteras y otras reducidas a polvo o convertidas en chaquira, eran más estimadas que el oro o las piedras preciosas y se llevaban en grandes cantidades a la sierra para ser ofrecidas en los ritos. Diversos grupos étnicos fueron movilizados para conseguirlo.