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LA CONQUISTA Y LA ENCOMIENDA
LA LLEGADA DE NAILAMP

En la Costa Norte del Perú, el pueblo Chimú, que estaba sometido por los Incas, esperaba el retorno mesiánico de Nailamp, el dios blanco y barbado que un día se perdió en el mar. Por ese mismo mar llegó un día Pizarro, blanco y barbado. ¡Era Nailamp!, pensaron los Chimús.

LA CONQUISTA (1532)

Significó, una vez mas, la brutal destrucción de sociedades y culturas por hombres movidos por el ansia de dinero, de placeres y de poder.

Así, tras las guerras de conquista, se institucionalizó un sistema de explotación de los indios denominado la Encomienda, que consistía en encomendar indígenas a los conquistadores, para que cultivaran las tierras, como una retribución ofrecida por la Corona por las inversiones y riesgos de la conquista. A cambio, los indígenas debían recibir formación cultural y religiosa. La Corona suponía que la conquista le autorizaba a cobrar un tributo a los nuevos vasallos, que como no conocían el dinero fue transformado en “servicio personal” y cedido a los conquistadores. En la práctica era un sistema de esclavitud que olvidaba la contraparte de educación y cristianización.

LAS NUEVAS LEYES Y LAS MISIONES

Pero comenzaron a llegar a la Corte quejas de los misioneros y de la Audiencia de Lima por el maltrato generalizado a los indios en encomiendas y minas. Se promulgaron Cédulas Reales que prohibieron el servicio personal, pero no se les pudo dar cumplimiento por las violentas protestas de los encomenderos ante los recortes de lo que consideraban sus derechos.

La labor de los misioneros chocaba frontalmente con los intereses de los conquistadores, dificultando su labor evangélica. El dominico Antonio de Montesinos fue uno de los misioneros que más lucho contra esta injusta situación: “Soy la voz que clama en el desierto. Esta voz os sonará tan nueva porque nunca la habéis escuchado; os parecerá tan dura, temerosa y amenazadora, porque nunca os habéis parado a oírla… ¿Es que acaso no son los indios personas? ¿Por ventura no tienen alma racional y no estáis obligados vosotros a amarlos como a vosotros mismos? ¿Es que frente a ellos no tenemos que cumplir los mandamientos del amor y la justicia? ¿No tenían éstos sus propias haciendas? ¿Nos han hecho algo acaso?”.

El jesuita Ruiz de Montoya y otros muchos en Lima materializaron el componente social de la predicación cristiana y propusieron la aplicación de las leyes y la abolición de la Encomienda. Montoya afirmaba que “la providencia ha otorgado a la Corona española el nuevo mundo para evangelizarlo. El olvido de este deber y su obsesión por el oro han merecido como justo castigo que las riquezas de las colonias sólo pasen como albañal por España para beneficiar a Holanda, Francia y Alemania. La conquista militar hace casi imposible la evangelización por el mal trato a los indios. El evangelio debía llegarles sin recurso de las armas para ganarlos pacíficamente a la fe”. Así nacieron las reducciones como cesión de los terrenos más ingratos a los indios bajo la protección de las órdenes religiosas.

Como consecuencia de su esfuerzo, se fundaron doctrinas en los pueblos, colegios mayores en los conventos de las órdenes religiosas y universidades en las ciudades según el modelo de la Universidad Complutense. Poco a poco se iba humanizando la nueva colonia.

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